Las lecciones del emprendimiento para construir proyectos que trascienden

Las historias de vida vinculadas al emprendimiento pueden ofrecer claves para entender la construcción de proyectos de largo plazo

Hay proyectos que nacen de una planilla de cálculo. Y hay otros que nacen de una experiencia de vida. Los segundos, con frecuencia, son los que perduran. En el debate sobre transformación empresarial, esta distinción no es menor: comprender desde dónde se construye un proyecto dice tanto como analizar hacia dónde se dirige.

En un contexto global donde el emprendimiento se ha convertido en uno de los motores más estudiados del desarrollo económico y social, crece también el interés por comprender qué hay detrás de los proyectos que logran sostenerse en el tiempo. No solo las metodologías o los modelos de negocio, sino algo más profundo: las trayectorias personales, las decisiones tomadas en momentos de incertidumbre, la forma en que una persona construye —a lo largo de años— una visión que termina convirtiéndose en una organización, una empresa o una iniciativa con impacto real.

Chile no es ajeno a esta discusión. En las últimas décadas, el país ha visto emerger un ecosistema emprendedor cada vez más robusto, impulsado por políticas públicas como Start-Up Chile, el crecimiento de los fondos de capital de riesgo y una generación de profesionales que optó por crear en lugar de esperar. Pero más allá de los datos —que muestran que Chile lidera los rankings de emprendimiento en América Latina según el Global Entrepreneurship Monitor— está la pregunta que pocas veces se responde con honestidad: ¿qué forma a alguien para construir algo que dure?

La trayectoria como laboratorio

Los expertos en desarrollo organizacional han señalado desde hace tiempo que las competencias más valoradas en quienes lideran proyectos de largo plazo no se aprenden exclusivamente en una sala de clases. Se forjan en la práctica, en el error, en la acumulación de experiencias que van configurando una manera particular de leer el entorno y de tomar decisiones.

El investigador y académico estadounidense Clayton Christensen, conocido por su teoría de la innovación disruptiva, sostuvo que las personas más capaces de generar cambios duraderos son aquellas que han desarrollado lo que llamó una «brújula interna»: una claridad de propósito que les permite mantener el rumbo incluso cuando las condiciones externas cambian. Esa brújula, argumentaba, se construye con tiempo y con experiencia acumulada, no con fórmulas.

En el ámbito latinoamericano, esta idea resuena con fuerza. Muchos de los emprendimientos que han logrado escalar y mantenerse en el tiempo —ya sea en tecnología, impacto social o industrias tradicionales— tienen detrás a personas cuyas historias de vida revelan un patrón: momentos de quiebre que derivaron en aprendizaje, alianzas forjadas en contextos de adversidad, y una capacidad de adaptación que no surgió de un manual, sino de haberlo vivido.

Más allá del individuo: la construcción de alianzas

Uno de los errores más comunes en la narrativa del emprendimiento es el de la figura solitaria: el genio que, desde un garaje o una mesa de café, transforma el mundo con una idea brillante. La realidad, con mucha más frecuencia, es otra.

Los proyectos que trascienden son los que logran articular redes. La investigadora Linda Hill, de Harvard Business School, ha documentado extensamente cómo los líderes más efectivos no son los que tienen todas las respuestas, sino los que crean las condiciones para que otros puedan contribuir. En ese sentido, las alianzas estratégicas —con socios, colaboradores, mentores o comunidades— son parte constitutiva del ADN de los proyectos sostenibles.

En Chile, esto se observa en la manera en que los emprendimientos más sólidos han sabido integrar distintas perspectivas: técnicas, sociales, territoriales. No es casual que muchas de las iniciativas con mayor impacto en los últimos años hayan surgido de equipos diversos, donde las trayectorias individuales se complementan y generan algo que ninguno de sus integrantes hubiera podido construir solo.

La mentalidad de crecimiento como condición estructural

La psicóloga Carol Dweck introdujo hace años el concepto de «growth mindset» o mentalidad de crecimiento: la disposición a entender las capacidades propias como algo que puede desarrollarse, en lugar de verlas como atributos fijos. Lo que la investigación ha demostrado es que esta mentalidad no solo afecta el rendimiento individual, sino la cultura de las organizaciones completas.

Para los proyectos de largo plazo, esto es especialmente relevante. Una iniciativa que nace con una visión rígida difícilmente sobrevivirá a los cambios del entorno. En cambio, aquellas que han cultivado la capacidad de aprender, de revisar sus supuestos y de adaptarse sin perder el núcleo de su propósito, son las que logran consolidarse.

En el contexto chileno actual, marcado por transformaciones sociales profundas y una economía que enfrenta desafíos de productividad y diversificación, esta capacidad de adaptación se vuelve crítica. Los proyectos que están ayudando a construir el país que viene no son los que tienen el plan más perfecto, sino los que tienen la disposición más honesta para aprender sobre la marcha.

El riesgo como parte del camino

Hablar de emprendimiento sin hablar de riesgo es hablar de algo distinto. Toda iniciativa que aspira a construir algo nuevo implica, por definición, moverse en territorios inciertos. Y la forma en que una persona o un equipo se relaciona con esa incertidumbre dice mucho sobre las posibilidades de que el proyecto llegue lejos.

Lo que las historias de vida vinculadas al emprendimiento revelan, con una claridad que los modelos teóricos a veces no alcanzan, es que el riesgo no desaparece con el tiempo: se administra mejor. Los emprendedores que han construido proyectos duraderos no son los que evitaron los tropiezos, sino los que aprendieron a leerlos como información útil. El fracaso, en ese marco, deja de ser el final de la historia para convertirse en uno de sus capítulos más formativos.

Lo que las historias enseñan

En un momento en que Chile busca diversificar su economía, fortalecer su tejido social y generar las condiciones para un desarrollo más equitativo, las historias de emprendimiento —con sus complejidades, sus contradicciones y su honestidad— ofrecen algo que los informes técnicos difícilmente capturan: una comprensión viva de cómo se construye algo que importa.

No se trata de romantizar el emprendimiento ni de presentarlo como la solución a todos los problemas. Se trata, más bien, de reconocer que en las trayectorias personales hay una inteligencia acumulada que vale la pena escuchar. Porque en el fondo, los proyectos que perduran no son los que nacieron perfectos. Son los que fueron construidos, con paciencia y convicción, por personas que aprendieron a crecer mientras construían.

By José Alvarez Vásquez

Abogado experto en Administración Pública, Asesora a Municipalidades en respuestas de informes de la Contraloría, reparos, procedimiento de calificaciones, sumarios administrativos, contratación pública.